Aquel día hizo calor, mucha calor. Aquello se adicionaba a la gran cantidad de gente que rondaba en el mundillo mallístico y a mi desesperadas ganas de terminar luego los encargos que mi familia me hizo. Es que era vísperas de fiestas patrias y yo me marchaba al terruño. Y valla que quería irme luego, el citadino ambiente despertaban a la provincial niña que llevo dentro. Faltaba sólo un trámite: ir a retirar mi pasaje. Me puse a la fila de los desesperados esperanzados, pues encontrar boleto para cualquier parte de Chile por esos días se volvió una odisea- era tan complicado como encontrar un pc bueno por estos días en esa casona de Lusitania-.
La fila empezó a avanzar, aunque con varias bajas, producto de aquello, mi espera por tener el boleto en mis manos se hacía cada vez más corta, y hasta en ese entonces, hasta se volvió una espera amena, pues llegué a quedar detrás de un caballero sesentón perteneciente a los bomberos de Chile. Él, "cordialmente", me preguntó por mi destino. A El Salvador le dije. "Al norte, pero qué bien, pero te va a costar encontrar pasaje, yo he estado buscando combinaciones por mucho rato y bla bla bla". Eso y otros tópicos hasta que debió marcharse:"chao lolita, que te valla bien".
¡qué caballero más simpático! pensaba mientras "Don Boletero" me pedía por tercera vez el código del pasaje. No podía creerlo, el código estaba malo, debía abandonar la fila y llamar a mi madre para que revolviera el basurero en búsqueda del código correcto. Al final resultó que encontramos la combinación correcta y volví a la columna de los viajeros poco precavidos de última hora. Me acerqué feliz y con los dedos cruzados donde "Don Boletero" y le dije ahora sí. Él me miró con cara de duda, evidentemente, no se acordaba de mi - ¡qué olvidable soy!-. Todo resultó bien, mi ida a la tranquilidad era ineludible. Me corrí hacia un lado para guardar mi pasaje y me disponía a marcharme cuando de pronto un abrazo y un beso en la mejilla me dejan atónita. Sí, era el sesentón conversador. "Mucho gusto, soy Manuel, vamos a comer". A mi me pareció que esos 5 segundos que quedé helada fueron una detención eterna del tiempo en búsqueda de una explicación. "no, gracias" le dije; " pero cómo, vamos, no seas tímida yo te invito", dijo él. Repetí el no gracias - seguramente en un tono de ¡qué onda viejo verde!- y el se marchó sin decir ni una palabra más.
Con la firme convicción de que hice lo correcto y recordando el típico consejo de mi madre- "no recibas nada de desconocidos"- caminé, y sí, miento, no me fuí con la firme convicción de que hice lo correcto, pues ¿y si le hubiese dicho que sí?; y si al final todo hubiese resultado ser una fantástica anéctoda del día en que almorcé con un desconocido y amable sesentón. O mejor aún, que producto de aquel almuerzo me hubiese transformado en la nieta que no tuvo y hubiese heredado suculenta fortuna.
En fin, o qué hubiese pasado cuando un día primaveral - de esos que escasean ultimamente- no hubiese huído de la gitana que me dijo: " no me tengas miedo hija, por qué tu huyes de mi, yo no te voy a violar ni nada, no tienes unos pesitos que me des a mi, bueno está bien, no me des, pero estira tu mano que te daré un amuleto de la suerte". Yo sólo fui capaz de caminar esquivándola, dejándola de lado, mirando hacia atrás y haciendo el típico ademán de tocarme los bolsillos en señal de comprobación de que ahí no hay nada. Y pensé nuevamente. Y si hubiese dicho que sí, si hubiese estirado la mano y me hubiese dado un amuleto. Quizás me hubiese encontrado 5 lucrecias botados, quizás no se me hubiese perdido el carnet de identidad- aunque estaba vencido, o sea soy una persona con identidad vencida e inexistente-, quizás la impresora no se hubiese echado a perder justo cuando debía entregar un trabajo, en fin. Simplemente, y si hubiese dicho que sí.
La fila empezó a avanzar, aunque con varias bajas, producto de aquello, mi espera por tener el boleto en mis manos se hacía cada vez más corta, y hasta en ese entonces, hasta se volvió una espera amena, pues llegué a quedar detrás de un caballero sesentón perteneciente a los bomberos de Chile. Él, "cordialmente", me preguntó por mi destino. A El Salvador le dije. "Al norte, pero qué bien, pero te va a costar encontrar pasaje, yo he estado buscando combinaciones por mucho rato y bla bla bla". Eso y otros tópicos hasta que debió marcharse:"chao lolita, que te valla bien".
¡qué caballero más simpático! pensaba mientras "Don Boletero" me pedía por tercera vez el código del pasaje. No podía creerlo, el código estaba malo, debía abandonar la fila y llamar a mi madre para que revolviera el basurero en búsqueda del código correcto. Al final resultó que encontramos la combinación correcta y volví a la columna de los viajeros poco precavidos de última hora. Me acerqué feliz y con los dedos cruzados donde "Don Boletero" y le dije ahora sí. Él me miró con cara de duda, evidentemente, no se acordaba de mi - ¡qué olvidable soy!-. Todo resultó bien, mi ida a la tranquilidad era ineludible. Me corrí hacia un lado para guardar mi pasaje y me disponía a marcharme cuando de pronto un abrazo y un beso en la mejilla me dejan atónita. Sí, era el sesentón conversador. "Mucho gusto, soy Manuel, vamos a comer". A mi me pareció que esos 5 segundos que quedé helada fueron una detención eterna del tiempo en búsqueda de una explicación. "no, gracias" le dije; " pero cómo, vamos, no seas tímida yo te invito", dijo él. Repetí el no gracias - seguramente en un tono de ¡qué onda viejo verde!- y el se marchó sin decir ni una palabra más.
Con la firme convicción de que hice lo correcto y recordando el típico consejo de mi madre- "no recibas nada de desconocidos"- caminé, y sí, miento, no me fuí con la firme convicción de que hice lo correcto, pues ¿y si le hubiese dicho que sí?; y si al final todo hubiese resultado ser una fantástica anéctoda del día en que almorcé con un desconocido y amable sesentón. O mejor aún, que producto de aquel almuerzo me hubiese transformado en la nieta que no tuvo y hubiese heredado suculenta fortuna.
En fin, o qué hubiese pasado cuando un día primaveral - de esos que escasean ultimamente- no hubiese huído de la gitana que me dijo: " no me tengas miedo hija, por qué tu huyes de mi, yo no te voy a violar ni nada, no tienes unos pesitos que me des a mi, bueno está bien, no me des, pero estira tu mano que te daré un amuleto de la suerte". Yo sólo fui capaz de caminar esquivándola, dejándola de lado, mirando hacia atrás y haciendo el típico ademán de tocarme los bolsillos en señal de comprobación de que ahí no hay nada. Y pensé nuevamente. Y si hubiese dicho que sí, si hubiese estirado la mano y me hubiese dado un amuleto. Quizás me hubiese encontrado 5 lucrecias botados, quizás no se me hubiese perdido el carnet de identidad- aunque estaba vencido, o sea soy una persona con identidad vencida e inexistente-, quizás la impresora no se hubiese echado a perder justo cuando debía entregar un trabajo, en fin. Simplemente, y si hubiese dicho que sí.
8 comentarios:
Jajajaj!!! Por ké le teme a la gente mayor??? Si no somos_come_guaguas. Yo creo ke se perdió una herencia, puéh yo justamente ando en eso buscando hereder@s...y, a veces, converso y posteo con los más jóvenes como ustéh...
Saludosss desde el Cemerentio de Curiyork_a_punto_de_stirar_la_pata
Igual da mucha cosa esa circuntancias, que tal si despues el sesentero te robaba tus cosas, lo de la gitana siempre se ha sabido que te sacan plata para limpiarla ,segun ellas, y despues te pasan unos papeles de diarios todos arrugado y mojado, habla la vos de la experiencia, :(
hiciste bien, la última vez que me ofrecieron algo fue un pito, y por goloso, curao e inocente me terminaron flaiteando todo...
NO HAY Q ACEPTAR COSAS DE DESCONOCIDOS
Gracias por tus palabras muy bonitas...te sigo desde Miami
Abrazos argentinos
La vida está llena de esos 'y si hubiese dicho sí...'.
Es lógico que te tortures, pues el panorama pudo haber sido tan extremadamente bueno, como opuestamente malo...
Quizás, al final no hubiese dado más que para contar una anécdota entre copas...
Era mejor irse rápido al terruño.
Pienso que todo en la vida puede ser una buena historia ¿ le conté la historia sobre las patas de la mesa?
en fin, aún no logro saber quien es, por lo que leerla me mete en un mundo ficticio en que tengo que autocompletar la historia para dar vida a la protagonista.
saludos!
----NO ES SPAM------
E
S
A N T I P O E S Í A
¡¡¡ TENGO MIEDO A LA MUERTE!!!
nO kERO MORIR!!!
jajajajajaja..... ke graciosa la situacion, no se ah! o sea, igual prejuiciosa..... en una de esas el viejito o sesenton solo keria darte un regalo por eskuchar su parloteo sobre pasajes y lo demas.... y lo de las gitanas, hay ke tener sierto kuidado kon ellas pero existen exiguas veces ke podrian sorprenderte kon kosas muy buenas o no tanto, pero igual
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